La Bretxako merkatua. Donostia
En
el pasado curso se trató de recuperar en el interior del Mercado de la Brecha
la lógica perdida del edificio tras las indebidas transformaciones sufridas
recientemente. El presente curso toma como objeto del mismo el mismo Mercado de
la Brecha pero esta vez poniendo la atención en su relación con los espacios
públicos que lo circundan. En concreto se fijará la atención en aquellos
espacios públicos más desatendidos por el Mercado, por un lado y sobre todo la Plaza
de la Brecha situada en su parte posterior y por otro la Plaza de Sarriegi en
su costado. El Boulevard por el contrario constituyó desde un inicio el espacio
público de referencia y dio base a la organización del Mercado y a la
definición de su fachada principal, tanto la inicial como la modificada.
El
Mercado fue proyectado y construido por el arquitecto Antonio Cortazar –autor a
su vez del proyecto de Ensanche- en el año 1871. El edificio se componía de tres
cuerpos en torno a un patio abierto hacia la entonces denominada Alameda y hoy
Boulevard. A finales del siglo XIX y con el objeto de aumentar su superficie,
el edificio fue modificado por el arquitecto municipal José de Goicoa cubriendo
el patio y cerrándolo hacia la Alameda. La fachada resultante hacia esta última
será el resultado de unir y componer los dos frentes existentes,
correspondientes a las crujías iniciales, con el nuevo tramo correspondiente al
patio.
La
Plaza de la Brecha por su parte es el resultado de un proceso en el tiempo, sus
inicios consisten en un espacio libre sin conformar en la parte posterior del
Mercado, resto del solar conocido como la Brecha en recuerdo de la abertura
hecha en las murallas en dicho lugar en 1813 por las tropas de Wellington y que
supusieron la caída de la Ciudad. Espacio libre sin conformar en el que su irregular
frente norte estaba constituido por viviendas, y por su lado oriental quedaba
abierto hacia la desembocadura del Urumea. Desde su comienzo estuvo ocupado por
construcciones municipales y fue objeto de proyectos sin realizar de extensión
del Mercado. Se deberá esperar a la construcción de la Pescadería un remarcable
edificio proyectado por el mismo Goicoa en dicho frente norte -sustituido a su
vez el año 1928 por uno nuevo proyecto del entonces arquitecto municipal Juan
Rafael Alday- y a la ampliación del Ensanche en su lado oriental para quedar
definitivamente definido como tal plaza. Una plaza obtenida a partir de un
espacio de carácter residual como resultado de una serie de afortunadas
transformaciones que tenían la clara finalidad de conseguir un espacio urbano, arbolada
hasta relativamente hace pocos años y receptora de un mercado al aire libre, en
la que junto a una apreciable calidad arquitectónica y urbana se ponían en
contacto la ciudad antigua y la nueva.
La
historia posterior, sin embargo, no va a resultar tan afortunada. Ya en 1950 se
derribó el notable edificio de la Alhóndiga construido en 1829 y obra del
arquitecto Pedro Manuel de Ugartemendia autor a su vez del Proyecto de Reconstrucción
de la Ciudad después del incendio de 1813. Con este derribo la antigua Plaza de
las Escuelas se prolonga hasta el Mercado recibiendo el nombre de Plaza de
Sarriegi. Esta pérdida con ser lamentable no va a ser nada en comparación con
las que han sido resultado de las actuaciones emprendidas en la zona en los
años finales del siglo como parte de un proyecto de “modernización” de la
ciudad todavía en curso.
En
el área que nos atañe los desafueros comienzan ya con el trato dado a la
Alameda, el denominado Boulevard por la relación que tenía con la derribada
cinta amurallada. La supresión de una de las dos alineaciones arboladas a causa
de la construcción de un aparcamiento subterráneo, rompe la estructura del paseo
y la equivalencia entre las dos partes de ciudad, tanto la antigua como el
Ensanche que se confrontaban en dicho Boulevard, lo que junto con el
sobredimensionamiento de la vía dedicada al tráfico en uno de sus lados, han alterado
gravemente al espléndido salón urbano que anteriormente había sido.
Simultáneamente,
el propio Mercado de la Brecha sufre una desacertada intervención interior para
instalar un centro comercial en la que se van a contradecir las características
del edificio con una actuación rechazable a todas luces. De la Pescadería edificio
brutalmente vaciado para adaptarlo a nuevos usos se podría decir otro tanto.
La
Plaza propiamente dicha pasa de contener en los años setenta un pabellón de carácter
un tanto “rústico” que albergaba puestos de un mercado al aire libre, para con
posterioridad resituar bajo ella el antiguo mercado y pasar al extremo opuesto
con otro pabellón más “moderno” y acabar con el actual, acertadamente
denominado por los ciudadanos como el “tupper”. Todo ello da la medida de la
falta de criterio de las instituciones públicas con respecto a las actuaciones
a tomar en una ciudad con tan fuerte y notable carácter, que parece debería
haber sido tenido en cuenta en cualquier actuación a llevar a cabo.
El
ejercicio a desarrollar parte de estas consideraciones hechas, por un lado ante
la inadecuada presencia de dicho “tupper” dar a los usos que encierra una
respuesta formal más apropiada al carácter del lugar y por el otro intentar superar
la falta de diálogo entre el Mercado y la Plaza de la Brecha, herencia de una
relación inexistente en el momento de construcción del Mercado cuando la futura
plaza no era mas que un espacio de carácter residual, procurando que el
edificio responda en mayor medida a las exigencias que dicho espacio público le
plantea. Se trataría en definitiva de que el frente posterior del Mercado, y
análogo a los laterales devenga en una fachada hacia la plaza y que como tal dialogue
con la correspondiente de la Pescadería.
La
intervención deberá utilizar los mínimos medios y no alterar la configuración
actual del edificio del Mercado, añadiendo y no suprimiendo. Las acciones
físicas y materiales a llevar a cabo en el monumento deberían ser las mínimas
necesarias, que no sólo no le despojen de sus significados originales sino que
éstos, incluso, resulten revalorizados. Teniendo en cuenta los usos de carácter
público y acordes con la zona de mercado al aire libre, el proyecto se
desarrollará mediante la introducción de pórticos, exentos y/o adosados. Pórticos
que se construyan como tales, es decir sobre la relación directa entre
elementos primarios de la arquitectura, en concreto entre la cubierta y su
soporte, un frente abierto constituido por columnas, pilares, machones,...
El
proyecto abarcará desde una visión del conjunto cuyo desarrollo se llevará a
cabo en equipo para pasar a continuación a definir con precisión los elementos componentes,
los pórticos que lo constituyen, tanto en lo que se refiere al detalle formal y
material de los mismos, como a las cuestiones compositivas y proporcionales. En
definitiva prestando la debida atención a todo lo que a una estricta construcción
le permite alcanzar el grado de arquitectura.

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