martes, 26 de enero de 2016

2015.2016 ikasturtea

    La Bretxako merkatua. Donostia

En el pasado curso se trató de recuperar en el interior del Mercado de la Brecha la lógica perdida del edificio tras las indebidas transformaciones sufridas recientemente. El presente curso toma como objeto del mismo el mismo Mercado de la Brecha pero esta vez poniendo la atención en su relación con los espacios públicos que lo circundan. En concreto se fijará la atención en aquellos espacios públicos más desatendidos por el Mercado, por un lado y sobre todo la Plaza de la Brecha situada en su parte posterior y por otro la Plaza de Sarriegi en su costado. El Boulevard por el contrario constituyó desde un inicio el espacio público de referencia y dio base a la organización del Mercado y a la definición de su fachada principal, tanto la inicial como la modificada.
El Mercado fue proyectado y construido por el arquitecto Antonio Cortazar –autor a su vez del proyecto de Ensanche- en el año 1871. El edificio se componía de tres cuerpos en torno a un patio abierto hacia la entonces denominada Alameda y hoy Boulevard. A finales del siglo XIX y con el objeto de aumentar su superficie, el edificio fue modificado por el arquitecto municipal José de Goicoa cubriendo el patio y cerrándolo hacia la Alameda. La fachada resultante hacia esta última será el resultado de unir y componer los dos frentes existentes, correspondientes a las crujías iniciales, con el nuevo tramo correspondiente al patio.
La Plaza de la Brecha por su parte es el resultado de un proceso en el tiempo, sus inicios consisten en un espacio libre sin conformar en la parte posterior del Mercado, resto del solar conocido como la Brecha en recuerdo de la abertura hecha en las murallas en dicho lugar en 1813 por las tropas de Wellington y que supusieron la caída de la Ciudad. Espacio libre sin conformar en el que su irregular frente norte estaba constituido por viviendas, y por su lado oriental quedaba abierto hacia la desembocadura del Urumea. Desde su comienzo estuvo ocupado por construcciones municipales y fue objeto de proyectos sin realizar de extensión del Mercado. Se deberá esperar a la construcción de la Pescadería un remarcable edificio proyectado por el mismo Goicoa en dicho frente norte -sustituido a su vez el año 1928 por uno nuevo proyecto del entonces arquitecto municipal Juan Rafael Alday- y a la ampliación del Ensanche en su lado oriental para quedar definitivamente definido como tal plaza. Una plaza obtenida a partir de un espacio de carácter residual como resultado de una serie de afortunadas transformaciones que tenían la clara finalidad de conseguir un espacio urbano, arbolada hasta relativamente hace pocos años y receptora de un mercado al aire libre, en la que junto a una apreciable calidad arquitectónica y urbana se ponían en contacto la ciudad antigua y la nueva.
La historia posterior, sin embargo, no va a resultar tan afortunada. Ya en 1950 se derribó el notable edificio de la Alhóndiga construido en 1829 y obra del arquitecto Pedro Manuel de Ugartemendia autor a su vez del Proyecto de Reconstrucción de la Ciudad después del incendio de 1813. Con este derribo la antigua Plaza de las Escuelas se prolonga hasta el Mercado recibiendo el nombre de Plaza de Sarriegi. Esta pérdida con ser lamentable no va a ser nada en comparación con las que han sido resultado de las actuaciones emprendidas en la zona en los años finales del siglo como parte de un proyecto de “modernización” de la ciudad todavía en curso.
En el área que nos atañe los desafueros comienzan ya con el trato dado a la Alameda, el denominado Boulevard por la relación que tenía con la derribada cinta amurallada. La supresión de una de las dos alineaciones arboladas a causa de la construcción de un aparcamiento subterráneo, rompe la estructura del paseo y la equivalencia entre las dos partes de ciudad, tanto la antigua como el Ensanche que se confrontaban en dicho Boulevard, lo que junto con el sobredimensionamiento de la vía dedicada al tráfico en uno de sus lados, han alterado gravemente al espléndido salón urbano que anteriormente había sido.
Simultáneamente, el propio Mercado de la Brecha sufre una desacertada intervención interior para instalar un centro comercial en la que se van a contradecir las características del edificio con una actuación rechazable a todas luces. De la Pescadería edificio brutalmente vaciado para adaptarlo a nuevos usos se podría decir otro tanto.
La Plaza propiamente dicha pasa de contener en los años setenta un pabellón de carácter un tanto “rústico” que albergaba puestos de un mercado al aire libre, para con posterioridad resituar bajo ella el antiguo mercado y pasar al extremo opuesto con otro pabellón más “moderno” y acabar con el actual, acertadamente denominado por los ciudadanos como el “tupper”. Todo ello da la medida de la falta de criterio de las instituciones públicas con respecto a las actuaciones a tomar en una ciudad con tan fuerte y notable carácter, que parece debería haber sido tenido en cuenta en cualquier actuación a llevar a cabo.
El ejercicio a desarrollar parte de estas consideraciones hechas, por un lado ante la inadecuada presencia de dicho “tupper” dar a los usos que encierra una respuesta formal más apropiada al carácter del lugar y por el otro intentar superar la falta de diálogo entre el Mercado y la Plaza de la Brecha, herencia de una relación inexistente en el momento de construcción del Mercado cuando la futura plaza no era mas que un espacio de carácter residual, procurando que el edificio responda en mayor medida a las exigencias que dicho espacio público le plantea. Se trataría en definitiva de que el frente posterior del Mercado, y análogo a los laterales devenga en una fachada hacia la plaza y que como tal dialogue con la correspondiente de la Pescadería.
La intervención deberá utilizar los mínimos medios y no alterar la configuración actual del edificio del Mercado, añadiendo y no suprimiendo. Las acciones físicas y materiales a llevar a cabo en el monumento deberían ser las mínimas necesarias, que no sólo no le despojen de sus significados originales sino que éstos, incluso, resulten revalorizados. Teniendo en cuenta los usos de carácter público y acordes con la zona de mercado al aire libre, el proyecto se desarrollará mediante la introducción de pórticos, exentos y/o adosados. Pórticos que se construyan como tales, es decir sobre la relación directa entre elementos primarios de la arquitectura, en concreto entre la cubierta y su soporte, un frente abierto constituido por columnas, pilares, machones,...
El proyecto abarcará desde una visión del conjunto cuyo desarrollo se llevará a cabo en equipo para pasar a continuación a definir con precisión los elementos componentes, los pórticos que lo constituyen, tanto en lo que se refiere al detalle formal y material de los mismos, como a las cuestiones compositivas y proporcionales. En definitiva prestando la debida atención a todo lo que a una estricta construcción le permite alcanzar el grado de arquitectura.

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